miércoles, 27 de enero de 2016

Escrito de madrugada (cuaderno negro)

 Prácticamente nadie ha visto las últimas fotos que subí, de Almería. Espero que no haya habido una espantada general de este blog intermitente. Pero sobre todo espero que Darío, que es quien más lo sigue y más interés pone en él, se encuentre bien.
En esta nueva entrada incluyo una novedad, la del Justi escritor, capaz de crear belleza de las cosas más tristes, del Justi humanista, que prefiere escribir hostias a callar injusticias.



17 de abril de 1990
Pues bien, han desaparecido las hojas que escribí a máquina tras la muerte de mi madre, me temo que Raúl sabe de ellas, la censura tiene mil caminos y me dejaran arder, como arde Tomás, pero no echar humo. Debo salir de aquí corriendo, huir, la familia devoradora ha empezado a comer y no acabará hasta el postre. Que saben ellos de Julio que llamó de madrugada a mi casa, venía preocupado de Granada, vestido se tumbó sobre la colcha de mi cama y me contó que no se encontraba bien, a los pocos meses murió en su ciudad que con tanto cariño me enseñó, que saben de Cristina que tenía una vespa y a la que una vez retraté a la acuarela leyendo un cómic, Cristina se quedó en un bar de las Ramblas, tan tópica que apareció en el periódico como Cristina F., que saben de Alfredo que me pasó la cámara de fotos y que sabía que no llegaría a los cuarenta años pero que no sospechaba que no llegaría a los veinticinco, que saben de Ana que era más dulce que la mousse de chocolate que ella misma preparaba, que saben de Manolo o de Jesús que antes de morirse dijo que "me parece que no tengo nada que hacer, se me acaba", que saben de José Luis que escribió en la pared ME QUIERO MORIR y lo hizo, o de Teresa, su madre que lo hizo más despacio y más tranquila. Que saben de Toño, que perdió primero la voz, después la razón y el movimiento y al que velamos detrás de un cristal. Que saben de Rafa y de su sangre que revuelta con la de su madre ocupó una página en los diarios, cuando Narciso los destrozó a golpes de hoz. Que saben de mi madre, que saben de ellos mismos, quizás nunca despierten sobresaltados como yo a estas horas de la madrugada, frente a este día basura: aún quedan más lentejas, come! Y ellos en sus casitas juegan a las series de televisión.