Nada más lejos de mi intención que quedarme con las fotos en un cajón. Con un poco de tiempo puedo escanearlas con la EPSON que me regaló mi padre y ponerlas para quien quiera verlas. Aquí su hermano Tomás y sus amigos Maricarmen, el marido de ésta y una chica de preciosa sonrisa que no sé quien es.
domingo, 20 de noviembre de 2016
jueves, 24 de marzo de 2016
Pretty in Pink, esta vez la canción
¡Vaya oído tenía el tío! No entiendo muy bien cómo se puede tener tan buen gusto musical, pero bueno, supongo que se entrenó bien. Aquí pongo un vídeo de YouTube de una de las bandas de las que le gustó algún album. A ver si va a ser que porque un grupo haga un buen disco una vez los vamos a dar por buenos todos. ¡Espero que os guste!
sábado, 19 de marzo de 2016
Qué querría Justi de este blog
Últimamente me he planteado dejar de nuevo el blog, cerrarlo oficial más que pasivamente como la última vez, dado que tiene un seguidor, DaríoII, que merecería que se le diera un porqué.
La razón de siempre sería el tiempo, es decir, de la falta del mismo. Pero sonaría a excusa, y habría que sacar argumentos de más peso, como el dolor por los recuerdos amargos, y el agotamiento emocional que conlleva - ¡eso sí es tiempo! y no lo que se tarda en subir una imagen y poner unas palabras. Tampoco esa razón sería válida, porque son más los recuerdos bellos que los tristes, más grande el amor que el desamor o la desilusión, y mucha la belleza que levanta el ánimo. Hoy pasé casualmente por la calle del piso donde le conocí, le disfruté y del que hay tantos y tantos recuerdos guardados en la memoria, y evocados solamente de refilón, no sea que me ponga a llorar y no pueda parar luego. Ya digo que fue casual, ya que tenía que ir a Barquillo a comprar la aguja de un tocadiscos... un tocadiscos, el último regalo que le iba a hacer y que por un cambio de planes, de presupuesto o de cualquier razón pueril, sustituí por un libro, que no le hizo especial ilusión y que aumentó el peso del arrepentimiento por mi estúpido cambio de planes. Con lo que le gustaba la música, con el exquisito gusto musical que tenía, con lo anunciado que lo tenía, un tocadiscos para la casa de Villaconejos...
Decía que pasé por su calle, tomé unas fotos, una de las cuales acompaña estas palabras, y me sentí bien. Fue como si hubiera ido al cementerio a hablar con él y hubiera salido tranquilo, con más calma de la habitual, consciente de que ese podría ser un ritual como el del día de difuntos, pero con mucho más peso, porque él odió la Iglesia, odió lo clerical, y este San Lucas 15 tiene de cristiano nada más que el nombre.
La paz que me acompañó al poco de estar allí un par de minutos, me dio respuestas a la pregunta de qué querría Justi de este blog, e inclusive si querría Justi este blog. Yo creo que no querría palabras de rencor, ni de tristeza, no porque no hablen de lo que él sintió, sino por la tristeza que me darían a mí y a quienes lo leyéramos. Justi iba más allá de quienes creen que las formas lo son todo y que el fondo de las personas va en segundo lugar. Él creía que no debía ser así, y se llevó muchos disgustos por ello. Se llevó disgustos por la falsa caridad cristiana, por la hipocresía, la codicia muchas veces en quienes más iban a la iglesia, sorprendentemente a sus ojos y a los de cualquiera que mire con ojos puros y sea devoto de la sinceridad. Y claro, escribió contra ello, rompió con gente que actuaba así, rechazó ésa y otras injusticias con todas sus fuerzas, que a veces eran pocas, porque no fue poco lo que le tocó vivir. Por ello, estoy seguro de que no querría que yo pasara por ese dolor. Tampoco creo que él quisiera tener en este blog sus imágenes una a una, ni una especie de biografía nostálgica de qué bueno era y de qué bien pintaba y fotografiaba. Le gustaría un buen trabajo, con tiempo, que estuvieran sus mejores obras, preparadas, bien ordenadas y que tuvieran una utilidad, poder ser vistas, compartirlas, como compartió con todos nosotros aquella exposición en una sala frente al edificio del Senado en el madrileño barrio de Ópera. Y creo finalmente, que querría verme libre, abierto a hacer mis cosas, a dedicar tiempo a mis amigos, a mis hijos, mi hermana, mi mujer, mis padres, mis sobrinos, a viajar, conocer, reírme, reírme mucho, como se reía él, a ver películas y escuchar discos, de vinilo, ahora que ya tengo la aguja, y disfrutar, disfrutar mucho de la vida, todo lo que pueda, tanto, si es que sé, cómo él lo hizo.
La razón de siempre sería el tiempo, es decir, de la falta del mismo. Pero sonaría a excusa, y habría que sacar argumentos de más peso, como el dolor por los recuerdos amargos, y el agotamiento emocional que conlleva - ¡eso sí es tiempo! y no lo que se tarda en subir una imagen y poner unas palabras. Tampoco esa razón sería válida, porque son más los recuerdos bellos que los tristes, más grande el amor que el desamor o la desilusión, y mucha la belleza que levanta el ánimo. Hoy pasé casualmente por la calle del piso donde le conocí, le disfruté y del que hay tantos y tantos recuerdos guardados en la memoria, y evocados solamente de refilón, no sea que me ponga a llorar y no pueda parar luego. Ya digo que fue casual, ya que tenía que ir a Barquillo a comprar la aguja de un tocadiscos... un tocadiscos, el último regalo que le iba a hacer y que por un cambio de planes, de presupuesto o de cualquier razón pueril, sustituí por un libro, que no le hizo especial ilusión y que aumentó el peso del arrepentimiento por mi estúpido cambio de planes. Con lo que le gustaba la música, con el exquisito gusto musical que tenía, con lo anunciado que lo tenía, un tocadiscos para la casa de Villaconejos...
Decía que pasé por su calle, tomé unas fotos, una de las cuales acompaña estas palabras, y me sentí bien. Fue como si hubiera ido al cementerio a hablar con él y hubiera salido tranquilo, con más calma de la habitual, consciente de que ese podría ser un ritual como el del día de difuntos, pero con mucho más peso, porque él odió la Iglesia, odió lo clerical, y este San Lucas 15 tiene de cristiano nada más que el nombre.
La paz que me acompañó al poco de estar allí un par de minutos, me dio respuestas a la pregunta de qué querría Justi de este blog, e inclusive si querría Justi este blog. Yo creo que no querría palabras de rencor, ni de tristeza, no porque no hablen de lo que él sintió, sino por la tristeza que me darían a mí y a quienes lo leyéramos. Justi iba más allá de quienes creen que las formas lo son todo y que el fondo de las personas va en segundo lugar. Él creía que no debía ser así, y se llevó muchos disgustos por ello. Se llevó disgustos por la falsa caridad cristiana, por la hipocresía, la codicia muchas veces en quienes más iban a la iglesia, sorprendentemente a sus ojos y a los de cualquiera que mire con ojos puros y sea devoto de la sinceridad. Y claro, escribió contra ello, rompió con gente que actuaba así, rechazó ésa y otras injusticias con todas sus fuerzas, que a veces eran pocas, porque no fue poco lo que le tocó vivir. Por ello, estoy seguro de que no querría que yo pasara por ese dolor. Tampoco creo que él quisiera tener en este blog sus imágenes una a una, ni una especie de biografía nostálgica de qué bueno era y de qué bien pintaba y fotografiaba. Le gustaría un buen trabajo, con tiempo, que estuvieran sus mejores obras, preparadas, bien ordenadas y que tuvieran una utilidad, poder ser vistas, compartirlas, como compartió con todos nosotros aquella exposición en una sala frente al edificio del Senado en el madrileño barrio de Ópera. Y creo finalmente, que querría verme libre, abierto a hacer mis cosas, a dedicar tiempo a mis amigos, a mis hijos, mi hermana, mi mujer, mis padres, mis sobrinos, a viajar, conocer, reírme, reírme mucho, como se reía él, a ver películas y escuchar discos, de vinilo, ahora que ya tengo la aguja, y disfrutar, disfrutar mucho de la vida, todo lo que pueda, tanto, si es que sé, cómo él lo hizo.
viernes, 26 de febrero de 2016
jueves, 4 de febrero de 2016
Postales
¡Qué tiempos en lo que disfrutábamos de las cartas y postales! Sueno a carca si es que hay alguien que no sea un carca entrando en este blog, pero no me importa. Pinto las canas con orgullo, orgullo canoso, y me lo permito.
Desde Portugal a la Calle San Lucas, un parón en un viaje de su amigo Johnny para animarle en los últimos meses de la vida de Justi. Todos le dedicamos menos tiempo del que se merecía. Todos desperdiciamos la oportunidad de pasar más minutos con él. Porque cada segundo a su lado era oro.
martes, 2 de febrero de 2016
Noche de colores (IL PAPIRO)
Entre Mayo y Junio del 1984, Justi llenó de dibujos un pequeño cuaderno de bolsillo comprado en Florencia o al menos fabricado en esta ciudad, cuya marca es Il Papiro: tapa gruesa, motivos florales y de un color verde apagado por el paso del tiempo. De él extraje dos dibujos que ya publiqué en el blog y ahora comparto este dibujo, una noche de luna , en la que lo que más me gusta es un candelabro que da sombra de colores.
miércoles, 27 de enero de 2016
Escrito de madrugada (cuaderno negro)
Prácticamente nadie ha visto las últimas fotos que subí, de Almería. Espero que no haya habido una espantada general de este blog intermitente. Pero sobre todo espero que Darío, que es quien más lo sigue y más interés pone en él, se encuentre bien.
En esta nueva entrada incluyo una novedad, la del Justi escritor, capaz de crear belleza de las cosas más tristes, del Justi humanista, que prefiere escribir hostias a callar injusticias.
17 de abril de 1990
Pues bien, han desaparecido las hojas que escribí a máquina tras la muerte de mi madre, me temo que Raúl sabe de ellas, la censura tiene mil caminos y me dejaran arder, como arde Tomás, pero no echar humo. Debo salir de aquí corriendo, huir, la familia devoradora ha empezado a comer y no acabará hasta el postre. Que saben ellos de Julio que llamó de madrugada a mi casa, venía preocupado de Granada, vestido se tumbó sobre la colcha de mi cama y me contó que no se encontraba bien, a los pocos meses murió en su ciudad que con tanto cariño me enseñó, que saben de Cristina que tenía una vespa y a la que una vez retraté a la acuarela leyendo un cómic, Cristina se quedó en un bar de las Ramblas, tan tópica que apareció en el periódico como Cristina F., que saben de Alfredo que me pasó la cámara de fotos y que sabía que no llegaría a los cuarenta años pero que no sospechaba que no llegaría a los veinticinco, que saben de Ana que era más dulce que la mousse de chocolate que ella misma preparaba, que saben de Manolo o de Jesús que antes de morirse dijo que "me parece que no tengo nada que hacer, se me acaba", que saben de José Luis que escribió en la pared ME QUIERO MORIR y lo hizo, o de Teresa, su madre que lo hizo más despacio y más tranquila. Que saben de Toño, que perdió primero la voz, después la razón y el movimiento y al que velamos detrás de un cristal. Que saben de Rafa y de su sangre que revuelta con la de su madre ocupó una página en los diarios, cuando Narciso los destrozó a golpes de hoz. Que saben de mi madre, que saben de ellos mismos, quizás nunca despierten sobresaltados como yo a estas horas de la madrugada, frente a este día basura: aún quedan más lentejas, come! Y ellos en sus casitas juegan a las series de televisión.
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