Húmeda tarde de abril cuando aún no conocía las cuevas de garbajos, entre ladrillos de goma el fuego quieto, buscando a tientas, dejándose hacer. Una corona de perejil para el atardecer y la espera.
Sini Oconor tuvo un niño al que llamó Nino Bravo y no encontrando canastillas dignas de tan frágil cuerpo lo mantuvo en brazos los doce primero años.
Un árbol queda bien en cualquier parte.
NAVIPOYAS
La carta rota
¿Es a mí?
Menorca
Y come solito lito
Pollos de diseño año
Buscando
A propósito
¿A QUÉ HORA CIERRAN EL MAR?
















































