martes, 4 de agosto de 2020

Señales 1.994


Justi era de izquierdas, pero no de izquierdas de un partido político o defensor de un sistema económico determinado, sino de izquierdas en términos de justicia. Rechazaba "esta sociedad que hace a los ricos más ricos y a los pobres desgraciados". Rechazaba la caridad cristiana. Veía como natural y posible que el orden mundial velara por reducir las injusticias. Era un idealista. Un ingenuo, si se quiere. Pero también un visionario, si pensamos dónde estamos ahora los humanos.
Vomitaba sobre el sistema y sobre sus razones, la codicia, la hipocresía y el fundamentalismo religioso, así como sus consecuencias, que sufrió en carne propia y en las de su hermano Tomás. En todas ellas se detiene para expresar lo que "se va convirtiendo en un testamento", "señales que alguien romperá por no encontrarlas convenientes”, y que escribía para que fueran leídas: "quiero por eso dejar constancia de lo que alcanzo a ver".
En estas cuartillas hay desolación, pena y rabia, y partes muy fuertes. Las incluyo en su blog parcialmente, con su visión del mundo, su versión de unos hechos, y una vivencia personal muy dura, para quien quiera leerlas.

Villaconejos, martes santo de mil novecientos noventa y cuatro, 1.994.

Lúcido, pero asustado, estoy en mi casa de la calle de Emilio Campeón nº 8, en mi umbría pero silenciosa casa meditando todo lo que pasó, está pasando y puede ser que suceda, quiero por eso dejar constancia de lo que alcanzo a ver.
Llegué esta mañana de Madrid con unos amigos que buscan un local para instalar un taller de cristalería y cocimiento de barro, un horno, durante un año, pensando que si la venta de la casa se alargara podría hacerse. Cuando entré en la casa de Tomás el alma se me cayó al suelo, está claro que ya está vendida, o al menos ocupada, el sofá ha servido de cama para perros, el horno es un cagadero y osario de los mismos. Huevos y mierda cubriéndolo todo, parecían una instalación artística de esas que tanto se llevan sobre todo siendo el marco una panadería, la puerta del patio tirada en el suelo, tantas veces Tomás se afanaba en remendar la tela


metálica para que no entraran ratas o gatos. Tened en cuenta que yo soy un poco sentimental y bastante idiota, pero la visión de esa curación gratuita de mierda y prepotencia me ha revuelto mi fácil agitable estómago, y sus desagradables olas gástricas me han tirado en esta cama donde después de ocho horas de forzado sueño escribo estas señales que alguien romperá por no encontrar convenientes.
Todo comenzó con la enfermedad de Tomás, actitudes que observé y que ahora,
si doy campo para ello, se repetirán manidas y fatigadas, menos mal que la máquina compasiva no empezará a actuar hasta que empiecen a ver en mis ojos que el fin no puede prolongarse mucho. Dos años de supervivencia han sido más de lo previsto y la recesión de ayudas ha comenzado.

Todo siguió con la muerte y testamento de Tomás. La gran cagada, pues, no voy a dudarlo sus intenciones eran buenas, pero hubo presiones a las que él cedió, para "no armar jaleo" según la presionanta, presiones que ascienden a cinco millones y medio de deudas que me caen del cielo, como me cayó la estancia con Tomás durante su enfermedad y de la que no me arrepiento todavía, hubo un aprendizaje que valoro.
También recibo la casa a la que he visto desde siempre como una bomba de relojería y que parece que no tardará mucho en estallar. Le pedí a Tomás por favor que me liberara de ese peso y él dijo quédatela, Justi, esa casa se puede vender por quince millones, ¡iluso él que lo dijo! ¡iluso yo que casi lo creí! Ahora todo está como está:

La casa cedida, sin vender y hecha un vertedero. Yo presionado y apremiado para tomar decisiones que ya están tomadas, más evidentes por algunos, más solapadas por otros.
Y yo, ¿qué hago? No soy aún una marioneta, debería dejar claras mis posturas, pero me temo que como casi siempre mis verdades pueden ser ofensivas. Que se espera de alguien que no cree en dioses, "ni falsos ni verdaderos" que tiene tela la gracia semanal; de alguien que abomina de todopoderosos que tejen con puntadas del dolor más fino sobre los cuerpos de los desheredados suaves sábanas para los poderosos, que siguen luchando entre ellos masacrando soldaditos para ser más poderososos, todopoderosos. Vomito sobre esta sociedad que hace a los ricos más ricos y a los pobres desgraciados, que moraliza los cuerpos y las palabras

que usa la televisión y la prensa como bola y cadena, que gasta en armas y administración el hambre de millones de personas.
Reniego de mi bautizo en la religión más masacrante de la historia, represora de "almas" y cuerpos, castradora de ideas y justicias, inventora de caridades y perdones. No quisiera, por nada del mundo, que mi cuerpo cuando ya no respire tenga que sufrir la vejación que para mí sería cualquier contacto con tan moderna inquisición, Nadie, por favor, me acerque un crucifijo, virgen o cualquier subalterno. No marquéis mi caja con ninguna cruz, lisa como agua tranquila, y si el entierro puede ser fuera del camposanto no tendrá encima el símbolo que los demás eligieron, quizás una buena fogata y aventar las cenizas a cualquier viento, ni latas ni plaquitas. Ni misas ni responsos, please

Y esto se va convirtiendo en un testamento y así habría de ser, pues aunque tanto me de donde vayan a parar mis cosas cuando yo no esté, me gustaría beneficiar, no enfarragar a los que quiero (...)



No hay comentarios:

Publicar un comentario