sábado, 19 de marzo de 2016

Qué querría Justi de este blog

Últimamente me he planteado dejar de nuevo el blog, cerrarlo oficial más que pasivamente como la última vez, dado que tiene un seguidor, DaríoII, que merecería que se le diera un porqué.
La razón de siempre sería el tiempo, es decir, de la falta del mismo. Pero sonaría a excusa, y habría que sacar argumentos de más peso, como el dolor por los recuerdos amargos, y el agotamiento emocional que conlleva - ¡eso sí es tiempo! y no lo que se tarda en subir una imagen y poner unas palabras. Tampoco esa razón sería válida, porque son más los recuerdos bellos que los tristes, más grande el amor que el desamor o la desilusión, y mucha la belleza que levanta el ánimo. Hoy pasé casualmente por la calle del piso donde le conocí, le disfruté y del que hay tantos y tantos recuerdos guardados en la memoria, y evocados solamente de refilón, no sea que me ponga a llorar y no pueda parar luego. Ya digo que fue casual, ya que tenía que ir a Barquillo a comprar la aguja de un tocadiscos... un tocadiscos, el último regalo que le iba a hacer y que por un cambio de planes, de presupuesto o de cualquier razón pueril, sustituí por un libro, que no le hizo especial ilusión y que aumentó el peso del arrepentimiento por mi estúpido cambio de planes. Con lo que le gustaba la música, con el exquisito gusto musical que tenía, con lo anunciado que lo tenía, un tocadiscos para la casa de Villaconejos...
Decía que pasé por su calle, tomé unas fotos, una de las cuales acompaña estas palabras, y me sentí bien. Fue como si hubiera ido al cementerio a hablar con él y hubiera salido tranquilo, con más calma de la habitual, consciente de que ese podría ser un ritual como el del día de difuntos, pero con mucho más peso, porque él odió la Iglesia, odió lo clerical, y este San Lucas 15 tiene de cristiano nada más que el nombre.
La paz que me acompañó al poco de estar allí un par de minutos, me dio respuestas a la pregunta de qué querría Justi de este blog, e inclusive si querría Justi este blog. Yo creo que no querría palabras de rencor, ni de tristeza, no porque no hablen de lo que él sintió, sino por la tristeza que me darían a mí y a quienes lo leyéramos. Justi iba más allá de quienes creen que las formas lo son todo y que el fondo de las personas va en segundo lugar. Él creía que no debía ser así, y se llevó muchos disgustos por ello. Se llevó disgustos por la falsa caridad cristiana, por la hipocresía, la codicia muchas veces en quienes más iban a la iglesia, sorprendentemente a sus ojos y a los de cualquiera que mire con ojos puros y sea devoto de la sinceridad. Y claro, escribió contra ello, rompió con gente que actuaba así, rechazó ésa y otras injusticias con todas sus fuerzas, que a veces eran pocas, porque no fue poco lo que le tocó vivir. Por ello, estoy seguro de que no querría que yo pasara por ese dolor. Tampoco creo que él quisiera tener en este blog sus imágenes una a una, ni una especie de biografía nostálgica de qué bueno era y de qué bien pintaba y fotografiaba. Le gustaría un buen trabajo, con tiempo, que estuvieran sus mejores obras, preparadas, bien ordenadas y que tuvieran una utilidad, poder ser vistas, compartirlas, como compartió con todos nosotros aquella exposición en una sala frente al edificio del Senado en el madrileño barrio de Ópera. Y creo finalmente, que querría verme libre, abierto a hacer mis cosas, a dedicar tiempo a mis amigos, a mis hijos, mi hermana, mi mujer, mis padres, mis sobrinos, a viajar, conocer, reírme, reírme mucho, como se reía él, a ver películas y escuchar discos, de vinilo, ahora que ya tengo la aguja, y disfrutar, disfrutar mucho de la vida, todo lo que pueda, tanto, si es que sé, cómo él lo hizo.


2 comentarios:

  1. Gracias Pedro,gracias por todo,por el principio y el final,es maravilloso lo que has hecho,déjalo así,como diría Justi:"pá los siglos".

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    1. Darío, hace mucho que no sé de ti. Aproveché el confinamiento para publicar los cuadernos de Justi. Estás bien? Escríbeme a pgmochales@gmail.com, porfa. Gracias y un abrazo

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